sábado, 7 de marzo de 2009

El amor de un hada


No hace mucho tiempo un hada llamada Drizzle fue destinada por Darin (la Reina de las Hadas) a cuidar el jardín de un viejo hombrecillo que tenía de sobrino a un muchacho guapo, de negros cabellos, ojos azules como el océano y muy nostálgico. Su nombre era Eethan, y salía todas las tardes con su libro bajo el brazo, hasta avanzadas horas de la noche.

En unos de esos momentos el joven alzó la vista para observar los colores que le entregaba el ocaso y al mirar hacia el rosal vio a una bella joven que resplandecía extrañamente por una luz alrededor de su cuerpo; esta trataba de ocultarse entre las ramas para no ser vista.
- ¿Quién eres?- Preguntó el joven…

Ella sorprendida de que la pudiera ver le contestó:
- Mi nombre es Drizzle…
- Y dime Drizzle ¿Qué estabas haciendo escondida en el jardín de mi tío?

Drizzle no sabía que decir, no podía creer que un simple mortal como aquel pudiera
tener tan singular belleza.
- Soy un hada y he sido destinada a proteger el jardín de tu tío…

Eethan sonrió incrédulo, le parecía extraño que ella se escondiese entre los rosales, y con lo que ella le decía, más le costaba creer. De pronto en un giro que hizo la joven, vio unas luces que nacían de sus espaldas. Ella sonriente le dijo:
- ¿Ahora ves que no te miento?
- ¿Me puedes leer la mente?- dijo el joven sorprendido
- Tan solo percibirlo- le dijo ella sonriendo.

Así pasaban todas las tardes riendo y conversando, caminando y jugando. Hasta que de pronto Drizzle fue llamada por Darin (la reina de las hadas), tenía algo muy serio de que hablarle…
- “Elfos, Gnomos y Duendes te han visto compartiendo con un humano, sobrino del dueño del Jardín que te destiné a cuidar, pero hay otra cosa que me preocupa: ¿estas enamorada de este mortal?”

Drizzle, consciente que no podía mentir, le dijo:
- Sí madre mía, es cierto, mas cuando me di cuenta de mis sentimientos fue demasiado tarde, y ahora ya no los puedo cambiar.
- “Hija mía por más que yo te quiera, esto no lo puedo permitir, tu sabes que nosotras no nos podemos enamorar de algún mortal y si esto llegase a suceder el castigo ya está escrito…”


Así Drizzle fue destinada a ser un rayo de luna que tan solo podía acariciar a su amor cuando éste salía llamándola:
- Mi hermosa Drizzle, ¿qué te ha pasado?, sólo me has dejado. Algo extraño me sucede, que durante el día todo está desolado, pero al llegar la noche con la luz de la luna te siento a mi lado.

Y así buscándola entre los rosales de su tío y clavándose en el pecho cada una de las espinas de las rosas repetía su llamado.

Darin viendo el sufrimiento de su hija Drizzle y el gran amor que este joven le tenía, solo pudo permitirles una cosa:
Los enamorados solo se podrían ver con el primer rayo de luna que alumbrase aquel mismo lugar donde por vez primera se inició el amor de estos dos jóvenes amantes.

Y así cada noche se le ve a este amante en el mismo lugar del jardín, junto al rosal esperando el primer rayo de luna. Para poder llenar su corazón de amor con la primera mirada que ella a lo lejos le entrega...



Nosotros nada podemos hacer
más que velar por este amor
a través de los años,
hasta la eternidad …

El silencio de las hadas


En la espesura del bosque, allá donde la bruma tarda más en desaparecer, existen lugares especiales para que las Hadas puedan recuperar el Silencio...

Son espacios mágicos, sólo conocidos por ellas y donde no llega ninguna presencia humana. Rincones y claros perdidos entre los árboles son refugios ideales para las Hadas que necesitan estar solas.

Las Hadas conocen bien la importancia de la soledad plena, la que permite estar con uno mismo y reflexionar. Encontrar el verdadero sentido al diario vivir, sin que voces ajenas distraigan el discurrir del pensamiento.

Ni siquiera ellas escapan a la influencia del mundo que las rodea y es importante el reencuentro con el íntimo ser. Renovarse, reconocerse, dejar atrás lo que molesta en el alma y volver con nuevas energías y el espíritu alegre.

El Silencio de las Hadas no es un silencio triste, sino prometedor. Un silencio que limpia y enriquece, que atempera el carácter y fortalece el ánimo.

Si alguna vez tienes la fortuna de encontrarte en un bosque y de pronto, éste se vuelve tan silencioso que puedes oír el latido de tu corazón, es que has llegado a un lugar reservado al Silencio de las Hadas. Respeta esa quietud y aléjate sin hacer ruido.

O quédate y aprende el Silencio...

Soy un Hada


Nazco cuando la luna se oculta y el sol todavía no se ve en el cielo.

Pétalos de flores forman mis alas y de las flores tomo también el color de mi piel y de mis ojos.
Mi voz es un dulce susurro, igual al sonido del agua en los arroyos y sé cantar canciones de tierras antiguas que nadie más ha visto.

Sobre las ramas de los árboles mis pies ligeros bailan y puedo alzar el vuelo y subir muy alto o descender a descansar sobre los frescos prados y sentarme a beber el rocío que guardan para mí las azucenas.

Me acerco pocas veces a los humanos, porque ellos son incrédulos y tienen tanto miedo que prefieren no verme. Sólo de vez en cuando mis ojos ven otros ojos que saben que existo y sobre ellos derramo mis dones más preciados.

Cuando el sol empieza a brillar con fuerza en el cielo, es hora de cobijarse en los brazos del bosque y de dejar que la tierra madure y haga germinar las flores con las que volveré a nacer mañana...

Las Hadas



El mundo no era sino niebla cuando las hadas llegaron

Permanecieron calladas y ocultas hasta que el hombre aprendió a mirar con los ojos del alma y pudo ver más allá de su razón.

Entonces las hadas se hicieron visibles. Enseñaron al hombre a creer en sus sueños y a esperar lo imposible.

Le hablaron de flores que guardan secretos, del agua que sabe canciones, del árbol amigo, del viento, del cielo y la tierra y del misterio escondido en cada cosa que existe.

Le contaron que viven en la luz y en el aire, que se ocultan de todo el que duda y, a aquellos que creen, les muestran su reino y les nombran “guardianes de la fantasía”.

Y también prometieron quedarse mientras viva en la Tierra algún ser humano que sepa que existen y recuerde el camino que lleva a su encuentro...